Episodio 8 — Cuando comes o compras para aliviar la tristeza
- 7 feb
- 3 Min. de lectura
Sentir sin huir: cómo volver a ti sin anestesiar lo que duele
Nota: Esta es una versión editada del episodio, adaptada para una lectura más clara y fluida, manteniendo el contenido y el tono del audio original.

Presentación
Hola, soy Carmen Ridaura y este es un nuevo episodio de Compartires Podcast.
Un espacio creado para dejar de entregar tu poder a lo que te desgasta y recordar los principios que devuelven coherencia, calma y libertad interior.
En cada encuentro te invito a mirar con honestidad, a sentir con presencia, y a volver poco a poco a ese centro interno desde el que la vida se vive con más verdad.
Cuando comes o compras para aliviar la tristeza
Hay momentos en los que no sabes muy bien qué te pasa. No ha ocurrido nada grave. No hay una razón clara.
Pero por dentro hay un peso. Una tristeza difusa. Una incomodidad difícil de nombrar.
Y entonces haces algo casi automático.
Abres la nevera. Entras en una tienda online. Buscas algo que te calme rápido.
No porque tengas hambre. No porque lo necesites. Sino porque no quieres sentir eso que está ahí.
A veces lo llamamos antojo. O darnos un capricho. O desconectar un poco.
Pero muchas veces, no es placer lo que buscamos. Es alivio.
Alivio de una emoción que no sabemos sostener. Alivio de un vacío momentáneo. Alivio de una tristeza que preferimos no mirar.
El centro falso: cuando el placer se convierte en refugio
Cuando el centro se coloca en el placer, el cuerpo se convierte en un lugar del que escaparen lugar de un lugar al que volver.
No para disfrutar. Sino para anestesiar.
Este centro falso no nace del exceso. Nace de una dificultad más profunda: estar con lo que duele sin huir.
El apego: evitar el vacío
El apego aquí es claro: la evitación del vacío.
No quieres sentirte triste. No quieres sentirte sola. No quieres quedarte en silencio con lo que aparece.
Y entonces llenas. Rápido. Un poco más.
No porque no tengas conciencia. Sino porque nadie te enseñó que sentir también es seguro.
El coste acumulado: culpa y desconexión
El coste no siempre se ve enseguida. Pero se acumula.
Te desconectas de tus señales internas. Confundes necesidad con impulso. Y después aparece la culpa.
Culpa por haber comido de más. Por haber comprado sin sentido. Por haber vuelto a perder el control sobre ti.
Pero el problema no es lo que haces. Es desde dónde lo haces.
La presencia: el principio que devuelve el eje
Aquí aparece el principio que devuelve el eje: la presencia.
La presencia no te pide que te prives. No te pide que controles.
Te invita a quedarte. A sentir sin huir. A escuchar lo que hay antes de taparlo.
Cuando este principio vuelve al centro, algo cambia despacio.
Empiezas a notar que no todo lo incómodo es peligroso. Que la tristeza no te rompe. Que el vacío no te traga.
Y puede aparecer una nueva respuesta interior, suave, pero firme:
“Puedo sentir sin huir.”
No como obligación. Como posibilidad.
Práctica de la semana: una pausa antes de llenar
Esta semana, observa un solo gesto.
La próxima vez que vayas a comer o comprar para calmar algo interno, haz una pausa breve.
Respira. Y pregúntate: ¿Qué estoy intentando no sentir ahora mismo?
No para quedarte ahí mucho tiempo. Solo para reconocerlo.
A veces, eso ya cambia todo.
Cierre
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“No necesitas llenarte para estar bien: necesitas quedarte contigo sin miedo”.


